El estudio se enfocó en las neuronas dopaminérgicas, cuya degeneración progresiva es una de las marcas centrales del Parkinson. Los científicos lograron describir procesos que regulan la comunicación neuronal y el mantenimiento de las sinapsis, y cómo su alteración contribuye al deterioro funcional del sistema nervioso.
El hallazgo es relevante porque permite identificar blancos terapéuticos más específicos, lo que en el futuro podría traducirse en tratamientos capaces de modular rutas celulares concretas, reduciendo efectos colaterales y mejorando la eficacia clínica. Se trata de un enfoque distinto al de los tratamientos actuales, que buscan compensar la falta de dopamina pero no detienen la neurodegeneración.

Yanina Ditamo, Leticia Peris, Agustina Zorginotti y Gastón Bisig
Un avance clave, pero sin promesas inmediatas
Es importante evitar una lectura simplista o exagerada: el estudio no implica la existencia de una nueva terapia lista para aplicarse en pacientes. Se trata de investigación básica y preclínica, un paso indispensable pero inicial dentro de un proceso largo que incluye desarrollo farmacológico, ensayos clínicos y validaciones regulatorias.
Sin embargo, comprender los mecanismos que llevan a la muerte neuronal es condición necesaria para diseñar terapias que modifiquen el curso de la enfermedad, y no solo sus manifestaciones externas.

El aporte es estratégico y científico, pero su traducción a tratamientos concretos dependerá de inversión sostenida, articulación con el sistema productivo y continuidad en las políticas públicas de ciencia.
El trabajo vuelve a poner en primer plano el valor estratégico de la ciencia básica en Argentina, incluso en contextos de ajuste y recorte presupuestario. Sin investigación sostenida, no hay innovación médica posible, y sin innovación, las enfermedades neurodegenerativas seguirán tratándose de forma parcial y tardía.