En la Argentina, la cobertura de vacunación viene cayendo de manera generalizada respecto de los niveles de pre-pandemia, y la caída se convierte directamente en un derrumbe para dosis y refuerzos clave que deben aplicarse a los niños desde el inicio de la escolaridad (5 o 6 años).
Este hecho lo confirman estadísticas oficiales nacionales y provinciales, los principales hospitales pediátricos del país, médicos infectólogos, la Sociedad Argentina de Pediatría y organismos internacionales. Pero la dimensión del problema se advierte, además, en su propia consecuencia: la reemergencia de enfermedades que habían sido eliminadas gracias a las altas coberturas de vacunación que históricamente tuvo el país.

Aunque el crecimiento de movimientos antivacunas es real y estaría dejando de tratarse de un fenómeno marginal, especialistas y autoridades de la Salud advierten que la caída de la vacunación en la Argentina responde a un coctel más amplio de problemas:
- una disminución de la percepción del riesgo en generaciones que no vieron circular graves enfermedades
- fallas en las estrategias territoriales
- mensajes confusos a nivel estatal
- un sistema de salud deteriorado tras reiteradas crisis
- barreras de acceso que afectan sobre todo a los sectores más vulnerables
Pero entre esos factores, hay uno que se destaca: la pandemia y su posterior impacto social y emocional que habría generado desgaste y agotamiento, deteriorado la confianza pública y alterado la relación de buena parte de la población con la idea misma de prevención y salud pública.