La reciente medida del Gobierno nacional, orientada a reducir la carga impositiva sobre productos de electrónica con el fin de abaratar los precios de los celulares, corre el riesgo de no reflejarse en el bolsillo de los consumidores.
Expertos de la industria, citados por el diario porteño Clarín, advierten que el impacto positivo de la baja de aranceles será casi completamente absorbido por una turbulencia de precios que tiene su origen en el mercado global de insumos.

El factor determinante es la crisis en los precios de las memorias, específicamente las DRAM y NAND, consideradas componentes centrales e irremplazables en la fabricación de dispositivos móviles. Estos insumos, cruciales para el almacenamiento y el rendimiento de los smartphones, han experimentado un aumento explosivo en sus costos.
El fenómeno está directamente ligado al boom global de la inteligencia artificial (IA). La inversión masiva y la creciente demanda de infraestructura necesaria para sostener las nuevas tecnologías de IA dispararon la escasez y el valor de estos chips.

En consecuencia, el alivio fiscal implementado a nivel nacional se verá amortiguado por el encarecimiento de la materia prima. Si bien la reducción de aranceles es una medida que técnicamente debería resultar en precios más bajos, la presión alcista del mercado internacional sobre los componentes esenciales se impondrá, frustrando la expectativa de una caída sustancial en el costo final de la telefonía celular para los usuarios.